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Cómo manejar la rutina

 

 

“Si estas pasando un mal momento, acelera y déjalo atrás”

 

Fue una de las primeras frases que leí en un momento de desesperación en mi vida y que siempre me ha acompañado en mi viaje.

 

Pronto volveremos a la rutina. Unos al trabajo y otros a buscarlo. Unos a disfrutar de su pasión, yendo hacia sus sueños y otros a la realidad, que sus sueños están rotos.

 

Pero me gustaría que escogieras una opción: ¿Correr lo máximo posible, alejándote de tu rutina o trotar en la misma disfrutando del paisaje?

 

Si has escogido la 2, eres una persona positiva, que disfrutas de lo que la vida te da, que sientes que solamente tú eres el creador de tu futuro, de tus oportunidades. Eres una persona que vive el presente.

 

Pero si has escogido la 1a opción, te digo una cosa, que seguro sabes, estas sufriendo, tienes un dolor del cual quieres alejarte.

 

Oímos la palabra dolor, y salimos corriendo. No queremos vivirla, no queremos sufrir, le tenemos pánico, huimos de ella como gatos con el agua. Solo queremos ser felices, pero aún así, vamos y vamos, cada vez más hacia esa situación que nos hace sufrir.

 

Parecemos como las cobayas en su rueda, no paramos de girar sobre ella, aunque en el fondo, ese correr, nos hace daño.

 

Tú sabes que tienes que salir de esa rueda. Esa rueda te produce tristeza, insomnio, miedo, lamentos, ¿ENTONCES POR QUÉ SIGUES CORRIENDO EN ELLA? Además para colmo, sabes que tienes que hacerlo, que tienes que saltar, pero tienes miedo. Sabes que debes, pero no quieres. Estás bloqueado.

 

Desde ahora, si has elegido la primera opción, te propongo una cosa, que corras de verdad hacia tu rutina, hacia aquello que sientes que te hace daño. ¿Para qué? Para enfrentarte a ello y empezar a ser el dueño de tu camino en la vida.

 

El dolor es bueno, es duro decirlo, pero es así. El dolor es una alarma ante algo que estás viviendo.

 

El dolor me ayudó a darme cuenta que mi vida no era lo que yo quería que fuera, que estaba viviendo una mentira y que no sabía el qué, pero que tenía que enfrentarme a lo que había delante de mí.

 

El correr hacia otro lado, lo que intentamos hacer es protegernos de ese dolor. NO queremos enfrentarnos a él, sufrir más, miedo a qué pasará, o vergüenza ante los demás.

 

TIENES QUE ENFRENTARTE A ELLO, PORQUE SINO ÉL TE ENCONTRARÁ A TI Y MIENTRAS TANTO SE IRÁ HACIENDO MÁS GRANDE.

 

El correr hacia tu miedo, el disfrutar del paisaje que vivirás, te harás darte cuenta, paso a paso, zancada a zancada, que el miedo estaba en ti, y que tú eras el único que podía enfrentarse a él.

 

¿Quieres ser feliz? Pues empieza a caminar, es la única forma de demostrarla, caminando.

 

Ese primer paso, ese paso fuera de la rueda, te hará darte cuenta de que eres capaz de muchas cosas que antes pensabas que eran imposibles.

 

Te has dejado llevar por la inercia, pero a partir de ahora, solo te guiaras por tus decisiones.

 

Todos queremos ser felices, pero la misma solo se consigue, con una vida sin miedo. Y de momento la tuya, estaba totalmente impregnada de la misma.

 

El camino estará lleno de baches, de caídas, de arboles que tendrás que saltar, y alguna vez, tendrás que elegir entre dos caminos.. El dolor te acompañará e intentará que caigas por el acantilado que te llevará a tu felicidad.

 

Pero no intentes que se caiga él, hazlo tu amigo.

Tengo un amigo que desde que nos conocemos me pregunta cuando sabe que estoy que quiero conseguir algo y no me atrevo, siempre me lanza esta pregunta: ¿A qué no hay huevos?

 

Ese no hay huevos, me ha hecho superarme, conocerme , caerme, llorar, alegrarme, preguntarme por qué estaba haciendo lo que estaba haciendo, de todo me ha ido provocando esa frase, pero sobre todo, una muy importante : “ Salir de mi rutina dañina y empezar a caminar por la vida, como yo sentía que tenía que ser”.

 

Es algo espectacular, tras acabar cansando, de caminar por parajes, sombríos, angostos y el cuerpo lleno de “moratones”, tras doblar la esquina, empiezas a darte cuenta, del paisaje hasta dónde has llegado.

 

Ves paisajes que habías deseado, que tu corazón te decía que eran posibles, pero que tú creías que no. Giras tu cabeza, y ves todo el progreso que has hecho, solamente gracias a un paso.

 

Ese paso que por pequeño que sea, nos hace conseguir grandes resultados.

 

Ese paso que te hace enfrentarte a tu dolor, a tu sufrimiento, te ha hecho llevarte a empezar a conocer eso que es la felicidad.

 

Desde ahora, te aconsejo, que corras hacia tu dolor, a aquello que tienes miedo, enfréntate a ello. Correrás mucho, sudarás, te caerás, pensaras:” ¿Cuánto más tengo que hacer para parar?

 

¿Qué hago aquí? Con lo bien que estaba con mi rutina…” Pero en el fondo sabes que tienes y debes hacerlo.

 

Cuando menos te lo esperes, los acontecimientos se irán sucediendo, pero a cámara lenta, empezarás a vivir, a correr desde el corazón. Vivirás paisajes inolvidables, personas que te alentarán y no te bloquearan, y empezarás a sentir como corre por tus venas, eso que es el equilibrio dentro de ti , es decir, la felicidad.

 

Corre hacia tu dolor y eso serán los beneficios que tendrás. En esos momentos, te volvería a preguntar la cuestión que te he lanzado al principio del artículo y se que escogerías la 2a opción, la de trotar por el día a día y disfrutar de todo lo que la vida te da, superarte en cada instante y vivir en el presente.

 

Si estás pasando un mal momento, no aceleres y te alejes de él, sino enfréntate a él.

 

¿Y tú con la vuelta a la rutina, vas a trotar o vas a correr lo más lejos posible de ella?

 

David Asensio