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Correr. ¿Sólo o acompañado?

 

Sin ti no soy nada, una gota de lluvia mojando mi cara, mi mundo es pequeño y mi corazón pedacitos de hielo,…una ilusión siempre se acaba y ahora sin ti no soy nada….”

 

Esta mañana hacía frio, llovía y la verdad que las sabanas me estaban apretando en la cama. No quería salir a entrenar.  No quería, y ya está. Nada de excusas.

 

La vida, siempre te ofrece cosas de las que aprender, y esta pereza hoy me ha enseñado otra muy importante.

 

Tengo por delante un reto que me hace mucha ilusión, sé que me va a sacar de mi zona de confort, que me va a hacer conocerme, que me va a enseñar mis limites, y que seguramente dará un carpetazo a un periodo de mi vida, abriéndome uno nuevo.

 

“Pero es que hoy no me apetece, hace frio”. No paraba de repetirme.  Si, veía escrito en mi cuarto, el reto, sabía que tenía que hacerlo, salir de la cama y entrenar si quiero acabarlo con “dignidad”.

 

Sabía que por mi fuerza de voluntad, hoy, no haría nada, un día perdido según se mire. Pero el destino, o como tú quieras llamarlo, hizo que sonara mi móvil mientras revisaba remoloneando en la cama, los emails.

 

“Venga arriba gandul, que hoy te voy a acompañar yo. Que no me creo que te estés cuidando y vayas a conseguir eso  que dices que vas a hacer…”.. Tenía que levantarme, sino sería objeto de burla por los amigos, durante mucho tiempo.

 

Además me lo decía una persona, que no estábamos una buena temporada juntos, nos habíamos distanciado por diversos motivos.  Pensé de todo, desde que quería reírse de mí, o a qué me tiraría por el primer barranco que viera mientras entrenábamos.

 

Tenía que comprobar qué quería de verdad.

 

Fue un abrazo frio, no estaba bien la cosa, la verdad. Y nos pusimos a correr. Él me dijo que siguiera mi rutina, que él la seguiría dentro de sus posibilidades.  Running y un poco de pesas tocaba.

 

En marcha nos pusimos. Y para colmo me tocaba subir una montaña que se me atragantaba. Lo que se iba a reír de mí. 

 

Y allí la tenía enfrente de mí, después de 5 kilómetros. Sentía que se reía de mí. “Además que no puedes coronarme, te traes compañía, que no va a hacer más que reírse de ti”. Puff, que mal. Pero en esos momentos  oí algo que hacía tiempo no oía:” Venga, que no se diga, tú puedes con todo y con más”. Era mi amigo, me estaba alentando a que lo intentará una vez más.

 

Sonreí, y empezamos la ascensión. Paso a paso, nos íbamos alentando uno al otro, como en los buenos tiempos.  Y sin darnos cuenta, aunque con alguna parada, habíamos llegado a la cima. Lo habíamos conseguido.

 

No nos picamos durante el camino, porque seguro que habríamos acabado alguno deseando al otro tirarlo por el barranco. Hicimos frente común ante un reto, y gracias a ello, lo conseguimos.

 

El trabajo en equipo, el buen trabajo en equipo, hace que haya comunicación. Habíamos recuperado la esencia de toda relación, el hablar.

 

Nos lideramos mutuamente, no nos impusimos uno al otro. Porque eso se llama esclavitud, en el idioma que quieras entenderlo.

 

Durante la ascensión, me di cuenta que no competíamos. Los dos queríamos llegar a la vez a la cima, al reto.  Él tenía mejor preparación que yo, y con nuestro “enfado”, podría haberse escapado fácilmente, y verme sufrir durante el trayecto.

Pero no, él estaba junto a mí, apoyándome, y yo a él.

 

Ahora, descansando  y tras habernos abrazado, pidiéndonos mutuamente perdón por lo que había sucedido entre nosotros, me doy cuenta, que las ilusiones son muy bonitas, la motivación es genial, pero todo se va tan rápido como se va, es cuando en esos momentos necesitas un bastón para tu reto.

 

¿Qué produce trabajar en equipo?

 

.- Mantiene la motivación e ilusión. Sin esa llamada, no sabría qué escribir, y no habría conseguido superar mi límite que me tenía comida la moral. Habría perdido la motivación y cada día me costaría más salir.

.- Mantienes la comunicación. Trabajando en equipo, corriendo en equipo, conseguí volver a recuperar la relación con mi amigo. Sin hablarnos, cada uno hubiera ido por su lado, y yo seguro que no hubiera conseguido llegar a la cima.

.- Me hizo superarme. Aunque estábamos los dos a la misma intensidad corriendo, de vez en cuando, él tiraba de mí, me hacía superarme, ir un poco más allá de mis fuerzas. Y desde aquí lo agradezco. Aunque me acordaba de su familia, ahora, me he reafirmado, que los miedos, que los limites estaban en mí, que yo podía hacer todo lo que me propusiera.

 

Así que cuando dudes entre salir o no salir a entrenar, siempre ten a mano, el teléfono de una persona, que te haga salir de la cama.

 

David Asensio

principiodeuncomienzo.wordpress.com