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Superar un reto

La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original” decía Einstein.

 

La tenía delante de mí.

 

Había soñado y despertado pensando en ella.  Y ahora la tenía delante de mí.

 

Llevaba tiempo pensando en ella desde que me dijeron que tenía que superar la prueba.

 

Había que correr 50 minutos. Y la verdad que siempre he sido un negado para las dotes físicas, bueno, ¿Os acordáis del gordito de clase que era empollón pero no aprobaba la gimnasia? Ese era yo.

 

Y ahora me enfrentaba a uno de los retos más importantes de mi vida  física. Me había estado preparando física y mental para conseguirlo, pero lo reconozco, estaba muy nervioso.

 

Dudas y más dudas, había tenido durante el camino. Y hasta la noche anterior, no sabía si lo iba a hacer o no. Pero era ineludible que para conseguir el reto mayor, hacer 18 km en 2 días, tenía que pasar por este reto.

 

¿Mi reto? Superarme a mí mismo y acabar la Spartan  Race en Barcelona.

 

Le tenía miedo como hacía tiempo que no había tenido a nada. Me calcé las zapatillas, mi camiseta favorita, la música que siempre me acompaña y me subí a vivir el camino que la vida me había deparado durante 50 minutos.

 

Nunca había corrido y si me hubieran querido atracar por la calle, aún menos lo hubiera hecho. Y ahí estaba a punto de comenzar uno de los retos más significativos de mi vida.

 

Botón de ON y empezaba el viaje. No quería, tenía miedo, pero sabía que tenía que hacerlo. ¿O iba a tirar la toalla a estas alturas del entrenamiento?

 

¡¡DE ESO NADA!!.

 

Empezó el espectáculo tras el 1 minuto. De 0 a 100, la vida puede cambiarte, como empezó a cambiarme a mí en este reto.

 

Al minuto 1, ya estaba corriendo al nivel que me habían dicho que tenía que mantener. Una locura hace unos meses, impensable que lo pudiera hacer y ahora lo estaba haciendo.

 

Como me gusta ponerme retos grandes, porque es una gozada luego decirle a esos retos, “Pues la verdad no eras tan grande como me imaginaba”. Aunque en esos momentos, no pensaba en esas cosas, sino más bien, “Virgencita que llegue bien al minuto 50”.

 

Los primeros minutos de todo reto, de toda incertidumbre, son los peores. Te sientes torpe, sabes que tienes que hacerlo, aunque vas poco a poco, para coger el ritmo, te preguntas,¿Qué estás haciendo? Con lo bien que estabas en tu cama calentito….

 

Y sin darte cuenta, esa torpeza con cada paso, con cada pensamiento, se transforman en fluir.  Estas disfrutando con cada paso, hasta miras al frente. Eso de mirar al suelo con miedo a caerte, ya había pasado, ahora miraba adelante.

 

El tiempo pasaba, y cada vez la sensación de poder, aumentaba en mi. Estaba pudiendo mantener el ritmo que me habían recomendado para alcanzar el reto. Estaba exultante. Estaba radiante, hasta hablaba con la gente que pasaba y me animaba.

 

Que error, y la vida, cuando vives una situación así, siempre te da, la misma receta, un varapalo.

 

Habían pasado 20 minutos, cuando mi mente, me dijo:” ¿A dónde vas? No lo vas a conseguir”. El sudor no me dejaba mirar adelante y mis pensamientos me decían que tirara la toalla.  Y todavía tenía por delante 30 minutos, o eso creía.

 

No podemos ir por la vida, con la cabeza alta sin percatarnos de lo que está pasando ni yendo con la cabeza baja, teniendo miedo a mirar a los ojos a los problemas y los éxitos.

 

La vida es equilibrio, lo extremos nunca son buenos.

 

El haber mirado confiado en demasía en que podía hacer algo, que no había hecho nunca, me hizo darme cuenta, que hay que vivir en el presente, no soñando ya en una meta, que todavía aún faltaba mucho por llegar.

 

Los pensamientos, el ver que aún quedaba tanto, me hizo querer tirar la toalla, aún quedándome más de la mitad del viaje. “no vas a conseguir, va a ser imposible, déjate de tonterías, no lo has conseguido nunca y ahora tampoco lo harás…”

 

Cuando dudes, todo viene de dentro de ti, no hay nadie que te diga que no puedes. Olvídate, no hay excusas. Esos pensamientos que te dicen que es una montaña imposible, en realidad solamente son escalones y que solamente en ese y en todo momento, tú eres la mejor herramienta que es la que te va a sacar.

 

Cuando te das cuenta que solamente eres tú, que nadie más te va a llevar al éxito o al fracaso, es cuando tu “orgullo”, tus “porque yo lo valgo”, te hacen coger la toalla, limpiarte el sudor y seguir adelante.

 

Ahora el camino era diferente, lo disfrutaba, veía como cada minuto, era un minuto más de aprendizaje, de superación, de logros, aunque no llegara a mi meta.

 

Las zancadas eran más grandes, con sintonía de felicidad y confianza, pasara lo que pasara, estaba disfrutando de un reto del que tenía miedo. Pero como siempre, el miedo siempre acude en tu búsqueda, para que vuelvas a tu sofá y te dejes de locuras. Él es un buen amigo, que solamente quiere que no te salgas del “rebaño” de los normales.

 

Tenía miedo a no conseguirlo, tenía miedo a conseguirlo, tenía miedo a cómo iba a terminar, a qué iba a pasar si lo conseguía si luego la carrera no la terminaba.. . Más  y más miedo

 

Como buen aragonés, bajé la cabeza  y seguí, con empeño, pasara lo que pasara. Con ritmo más bajo o con ritmo más alto, quería terminar. Llegaría si o si.

 

Cuando subí la cabeza, estaba a punto de conseguir los 2 retos, 50 minutos y 8 kilómetros. No paraba de reír, de saltar,… lo iba a conseguir, y lo conseguí.

 

No me lo creía, había superado hasta las expectativas de la gente que me lo había propuesto. Lo había conseguido.

 

Ante tu reto, siempre tendrás dudas antes, durante y después. Dudaba hasta que lo había conseguido, pero era así.

 

 

Ante tu reto, acéptalo, porque la vida te está diciendo, que algo tienes que aprender de él, y de ti mismo.

 

Ante tu reto, vívelo a cada instante, a cada segundo, porque cuando hayas llegado, te habrás olvidado de lo vivido. La felicidad es el camino, no la meta.

 

No sé qué pasará con el próximo reto, no sé si llegaré o no, pero que soy capaz de más cosas de las que creía, SÍ.

 

David Asensio

El principio de un comienzo