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¿Y tú por qué corres?

 

 

“Si uno comienza con certezas terminará con dudas, más si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas” decía Sir Francis Bacon.

 

Era el día.

 

Me enfrentaba a mi primera carrera.

 

Me habían metido el gusanillo en el gimnasio. “Tienes que correr, tienes que decir que has hecho una carrera, son sensaciones diferentes, tienes que hacerlo… Esto no es para ti, así que no lo intentes”. .. Me decían para picarme, y la verdad que lo hicieron.

 

¡¡Quería conocer lo que era una carrera!!.

 

Y me apunte a la Carrera de las Enfermedades Raras de Zaragoza.

 

La noche de antes parecía un niño esperando a los Reyes Magos. No me podía dormir. Estaba nervioso.

 

Había sido una preparación dura. Hacía años que no corría, más bien, era el último corriendo en la clase de Educación Física, y al día siguiente me iba a presentar a una carrera. Con tal de no acabar como en el colegio, me daba cuenta.

 

Pero ahora tras finalizar la carrera, me doy cuenta, que no importa el tiempo, que no importa en qué posición me quedaría, lo único que me importaba era todo lo que iba a aprender sobre mí y todo el proceso.

 

Sólo tenía un obsesión, disfrutar de todo lo que iba a vivir. No sólo antes, durante y después de la carrera, sino también la preparación y el post-carrera, no me quería perder nada.

 

Si no llegaba a la meta, sabía que no había disfrutado de algo, que no había dado unas gracias a mi entrenadora, a mis compañeros, que no había hecho algo.

 

Solo quería llegar a la meta con dignidad, con una sonrisa de oreja a oreja, con la sensación de que lo había conseguido, que mi compromiso, conmigo mismo, lo había cumplido.

 

¿Cuál era el propósito por el cual me había apuntado a la carrera? DEMOSTRARME A MI MISMO, QUE EL FUTURO LO CREO YO, NO MIS CIRCUNSTANCIAS.

 

Sabía que habría gente animando durante el recorrido, sabía que había una persona con el micrófono animándonos a todos los corredores, sabía que la gente iría a correr por tiempos, pero eso sinceramente me daba igual, yo quería terminar, la carrera como fuera, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Al llegar a la salida, era todo una locura. No sabía por dónde empezar, hasta que me cogió mi entrenadora, que estaría a mi lado en todo momento y me dijo, “ Deja de mirar, y calienta”.

 

Me centré en mí, porque si lo hubiera hecho en los demás, en vez de calentar, estaría yéndome a mi casa, antes de empezar.

 

No competía contra nadie, competía contra mí mismo. Quizá contra el rival más fuerte de todos, uno mismo.

 

Tenía ante mí una oportunidad. La de rematar con mi último esfuerzo, un lienzo que empecé a pintar unos meses atrás.  Y la ilusión por darte la ultima trazada, me impulsaba  a ir directo a la salida y decir: “Venga, ya estoy preparado”… pero había que calentar.

 

Todo el mundo era súper profesional, o al menos eso pensaba. Todo el mundo con sus geles, sus zapatillas, sus barritas energéticas… ¿Y contra estos iba a correr yo?  Pero mi entrenadora me decía calienta y no mires, que eso no es tu liga.

 

Llegó la hora.

 

Me extrañó el silencio que había en la salida.  Si yo quería pasármelo viene, disfrutar y la gente estaba seria, mirando el reloj, con los ojos cerrados.  La vida, todo momento hay que disfrutarlo, con ilusión, alegría, motivación, por dios, sonriamos más…

 

Reconozco que parecía un niño en Disneylandia , pero es que creo que tenemos que exprimir cada momento de la vida, y no tomárnoslo

 

Porque me cogieron y me dijeron “YA” que si no, creo que me pasan por encima todos los participantes. YA ESTABA EN MARCHA.

 

Por delante tenía 7 km de ilusión, de motivación, de superación, de ganarme a mi mismo la partida, y no tirar la toalla.

 

¡¡Y QUE BATALLA!!.

 

Aunque los demás me pasaban a una velocidad demoniaca, estaba contento. Solo estaba corriendo contra mí. Me controlaba mi velocidad, mis fuerzas,  mi ritmo… pero sobre todo no perdía el foco, el POR QUÉ estaba haciendo lo que estaba haciendo y el PARA QUÉ lo estaba haciendo.

 

Pero como en la vida, me llegó mi Valle. ¡¡QUÉ PAJARA!! Quería abandonar a las primeras de cambio. Me preguntaba por qué estaba haciendo lo que estaba haciendo, con lo bien que estaba caliente en la cama. Además para colmo llovía, hacia viento… ¡¡Qué mal!!

 

Sabía que si paraba, tiraba la toalla. Sentía que las fuerzas, la ilusión se debían haber ido con otros corredores, porque conmigo no estaban.  Sentía que a mi lado estaba el diablo diciéndome que tirase la toalla y el ángel, como en las películas, diciéndome que siguiera, que yo podía.

 

Toda mi vida había tirado la toalla con lo que había intentando y no había salido a las primeras de cambio. Pero esta vez ya no, desde ese momento ya no. Había venido a terminar la carrera, como fuera, y es lo que yo iba a hacer.

 

¡¡TERMINAR!!.

 

Aunque en esos momentos me tocabasubir una cuesta, para mí, me parecía la mayor de las bajadas. Iba a conseguirlo sea como fuera.

 

¡¡Y así hice!!.

 

En muchas situaciones de la vida, te preguntas : “¿Por qué estoy haciendo esto?”.. Son situaciones que eran tus sueños, y cuando los estás haciendo realidad. Dudas de ti mismo, dudas que lo vayas a conseguir, DUDAS DE QUE SEAS EL AGRACIADO DE CONSEGUIR LO QUE ESTAS CONSIGUIENDO.

 

Pero SI, lo estás consiguiendo, los sueños se hacen realidad, y tú sueño se hace realidad.

 

Aplique mi experiencia en mentoring en la empresa y a nivel personal, al running. Solo tenía que aplicar dos cosas: ACCIÓN y FOCO.

 

Acción y Foco, son lo que distingue a las personas que llegan a la cima de las que no. No dejan que nada ni nadie les quite su mirada de su meta, y a pesar de las caídas, que tengan, siguen en modo acción.

 

Corrí, porque quería superarme a mí mismo. Lo conseguí. Eso fue lo que me hizo seguir a pesar de las circunstancias.

 

Siempre en todo momento, y más en las dudas, POR QUÉ LO ESTAS HACIENDO Y PARA QUÉ LO ESTAS HACIENDO.

 

No tenía ninguna meta de tiempo, de posición, pero cuando vi la meta, y me estaban esperando muchas de las personas que no me imaginaban que estarían ahí, apoyándome, y que alguna pensaba que no lo conseguirían,… los últimos 100 metros los hice llorando…

 

Llorando porque supe que si quería, podría conseguir todo lo que me propusiera en la vida a partir de ese momento.

 

¿Y tú por qué corres?

 

David Asensio

principiodeuncomienzo.wordpress.com